lunes, 5 de marzo de 2012

Día a día

Cuando la soledad llega sin avisar, se instala y planta sus pies sobre tu mesa...necesitas concentración...orden y poner en primera fila las vanalidades de tu ecosistema para que el resto de las cosas que antes ocupaban el primer puesto pasen al último (como un corredor de una maratón sin reflex en la mochila)
Y en que coño piensas??? en nimiedades (que palabra más vacía así dicha)

"Tengo que ir a la peluquería a cortarme las puntas, mañana al taller a que me hagan la revisión, echar cuentas de aquí a dos meses para permitirme unas vacaciones decentes (que no indecentes) a cualquier parte del mundo con cualquier persona que se me cruce, recoger el cuarto y ordenar los zapatos, pedir cita para el médico y acordarme de comprar aquella crema que ví hace unos meses en una tienda de cosméticos (nunca te la comprastes porque no veías que el dinero fuera tuyo), mirar el precio del gimnasio y comprarme un pantalon que no marque más allá de lo evidente
Tengo que comprar comida para hacer dieta, comprarme ese vestido que tanto me gustaba y ver la cartelera del cine a ver si puedo descargarme 20 o 30 películas para el fin de semana (que hay que ahorrar) y guardarme unos pocos cuartos para incharme a botes con alguien. Tengo que echar gasolina antes de que vuelva a subir el precio, voy a empezar a mirar la agenda a diario para agobiarme un poco más con mi maceta a la cuál llamo CABEZA"

Bla bla bla
...



Paseas y te fijas en esos pequeños detalles los cuales antes pasaban desapercibidos.
En ese árbol a punto de morir del parque donde corrías de niña, en esa señora con su hora fija para comprar el pan (porque siempre la misma hora?)
En el abuelo que se queda mirando a todo el mundo sin ningún ánimo de ofender, a mi madre y su forma de guisar, ese amor que pasa de sus manos a la comida...la cuál puede ser un arma de doble filo.
Te preguntas a que saben las nubes y si las compresas son realmente inhodoras.
Gilipolleces para el día a día...para compensar el hueco, la úlcera de tu estómago y esas lágrimas que ya perdistes.

Coges un autobus y te inventas vidas agenas, vidas mejores que la tuya, o peores (por aquello del consuelo). Miras a tu alrededor y piensas "podría ser peor"
Opinas sobre lo que no te importa y reniegas de las horas muertas (a pesar de que ahí están...son inquilinas, o más bien, ocupas)



Todo llega
Todo pasa

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